jueves, 21 de abril de 2016

IKEA SE PONE FLAMENCA

    La gran empresa sueca Ikea lleva organizando cuatro años un concurso de moda flamenca en el que alumnos de diseño de la escuela Sevilla de Moda presentan sus propuestas con una única condición: usar para sus diseños textiles de la firma. La cuestión es hacer un traje con cualquier tejido de los que vemos en las tiendas. Sin duda es un ejercicio de imaginación y originalidad. 

    Hasta tal punto llega la originalidad que sólo los empleados de la tienda deben saber a primera vista qué se ha empleado para cada traje. Toallas, nórdicos, cortinas o fundas de sofá visten a las modelos. 

    Éste año, doce diseñadores mostraron sus propuestas de cara al público asistente. Una iniciativa muy atractiva que reúne a bastante público en torno a la improvisada pasarela. 








    Y para completar este artículo, quiero recordar con vosotros las fotos que hice el pasado año para Ikea, tras celebrarse este mismo desfile. Con el ganador y los dos finalistas, y en colaboración con la escuela Sevilla de Moda con quien ya había trabajado en otras ocasiones. Las tres modelos a quienes correspondió desfilar con los trajes ganadores repitieron de nuevo en esta editorial. Procurando hacer las fotos con la mayor tranquilidad posible, se comenzó el trabajo de maquillaje y estilismo a primera hora para poder desplazarnos a la feria antes del medio día, cuando la actividad a esas horas es casi nula, exceptuado los turistas y curiosos que deambulaban sin rumbo fijo por las calles del Real. 

    Fue un trabajo sencillo, sin mucho tiempo que perder y usando luz natural en todo momento para simplificar. El resultado de este trabajo se pudo ver en el periódico ABC de Sevilla, en su apartado especial de la Feria. 

    Un trabajo del que me siento satisfecho, y este año espero poder repetir.









miércoles, 20 de abril de 2016

CAMBIO DE TERCIO


    Cuando apenas se han cerrado las puertas de la Semana Santa, en Santa Marina, con la Sagrada Resurrección, Sevilla cuelga sus túnicas y apaga los cirios para dar paso a las mantillas blancas, los volantes y el albero como protagonista de dos escenarios que son signos de la ciudad. 

    La Real Maestranza de Caballería tiene en el Domingo de Resurrección uno de sus días grandes. Da comienzo la temporada de toros, novilladas y rejones. Sevilla cambia de tercio.

    Una ciudad cuyo calendario oficioso se rige por sus fiestas, y ésta que empieza entre albero y volantes es de esas que comienzan y terminan en puerta grande.

    Era una buena ocasión para probar de nuevo la capacidad de la Canon 7D Mk2, la última en incorporarse a la familia. Su ráfaga de 10 disparos por segundo y su factor de recorte son los dos motivos principales para llevarla a un evento así, mas aún, sabiendo que iba a estar entre el público, en un sitio cercano al ruedo, privilegiado todo hay que decirlo, pero con las limitaciones típicas de estar rodeado de cabezas y algún que otro estorbo a la hora de componer. 

    El cartel era de los mejores, Morante de la Puebla, el Juli y Miguel Ángel Perera. La cuestión no sólo era pensar en realizar buenas fotos, sino disfrutar también de una buena tarde de toros con los mejores maestros posibles.

    He de decir, que los toros no me entusiasman, me gustan eso sí,pero no soy fanático ni entendido en la materia. Conozco lo justo y poco mas para saber lo que se está haciendo sobre el ruedo, los tiempos, los avisos y las distintas suertes. Como espectáculo, me atrae la plasticidad y la ceremonia que lo rodea, el concepto artístico de la lidia del toro, los movimientos...

    No había entrado anteriormente en la Maestranza, no tenía ninguna expectativa al respecto. La verdad que sabiendo dónde entraba podría al menos sentirme emocionado, con alguna ilusión por ver semejante espectáculo y en semejante lugar, al fin y al cabo es uno de los ruedos con más prestigio.

    Cualquier taurino te hablará de los famosos silencios del coso maestrante. Era a cuanto aspiraba, a un ambiente respetuoso, de silencio durante la faena. La primera conclusión firme que saqué (y no me hizo falta demasiado tiempo para averiguarlo) fue que a la Maestranza le sobran borrachos y le falta respeto. En todos lados hay entendidos y como no, con unas copas de más, allí, esa tarde había muchos. Por no hablar de algún que otro exaltado que acabó provocando más de un conato de pelea en un tendido cercano. Es mi experiencia, siento a quien le pueda ofender leer esto.

    Como quería hacer fotos, pero de la manera mas discreta posible, no era momento de llevar toda la artillería pesada, además de por discreción, por cuestiones de movilidad y espacio. Los asientos de la Maestranza no son muy espaciosos, y entre la espalda de la persona sentada delante y el muro de mi propio asiento apenas hay medio metro. Así que me llevé la Canon 7D mk II, perfecta como dije antes por su velocidad, con el Canon 70-200 f2.8 IS I. Y además saqué a pasear mi Canon G1x mk II, pequeña, discreta, justo lo necesario para algún plano mas abierto del ruedo entero. 



    Como os he dicho antes, el sitio era bueno para ver la corrida, pero complicado para componer, en un tendido de sol que durante parte de la tarde me afectó bastante el reflejo, y el parasol del objetivo apenas me servía. Aún así, disfruté mucho fotografiando y aquí os dejo buena muestra de ello, que para eso os he descrito todo esto. 

    




















miércoles, 30 de marzo de 2016

9 DIAS DESPUÉS

    Se acabó. La Semana Grande de Sevilla ya se acabó. Cualquier otra semana del año se nos hace eterna a poco que se tuerza cualquier día, los días tardan en acabar y sólo estamos deseando que llegue el fin de semana. 

    Excepto en Semana Santa, cuando la vida dura 9 días, y a poco que nos descuidemos estamos pisando cera fundida en los adoquines, recordando cualquier instante vivido. Es una semana llena de momentos efímeros que tardaremos en olvidar. 

    Una semana que para mi, y como ya he dicho en otras ocasiones, es especial. No hay mas planes durante esos días que salir a fotografiar. No hay mas horario que el que debo cuadrar para ver tal o cual paso por esta u otra calle. No tengo mas preocupación que la de disfrutar de las Cofradías. 

    No suelo planear demasiado. Lo justo y necesario para saber a dónde quiero ir y cómo organizarme el día. El resto de los planes los dejo a la improvisación. Sé que a tal hora y en tal calle quiero hacer tal foto a tal cofradía. El esquema queda muy bien sobre el papel. Lo que yo no se es, que al ir de camino voy a toparme con un grupo de nazarenos que se dirigen sincronizádamente a su templo, con un padre que lleva de la mano a su hijo vestido de acólito, con un zaguán por el que asoma una túnica colgada esperando dueño. Mil detalles en cada esquina que a veces sin buscarlo, me encuentro. Es lo mágico de estos días.

    Se acabó ya una semana que comenzó con dudas, con pronósticos que amenazaban días en blanco, con Hermandades que arriesgaron  y vencieron, y otras que tuvieron que buscar refugio en su recorrido. Decisiones difíciles. Situaciones que demostraron que cuando se quiere, hay entendimiento. Cuando se necesita los pasos andan. Todo esto dió paso a una mitad de semana sin sobresaltos, con nada excepcionalmente reseñable salvo lo anecdótico. Buen tiempo, con temperaturas que bajaban súbitamente al caer la noche. 

    Aglomeraciones donde siempre, gente que se quejaba por la instalación de vallas y mucha amnesia que quizás impedía recordar a toda esa gente que aquellas vallas son fruto de las desproporcionadas masificaciones del pasado año que incluso impedían discurrir a las Cofradías con normalidad. Realmente tenemos lo que merecemos. Por eso cada vez disfruto mas del discurrir de una cofradía por calles en las que habita el respeto y el recogimiento. Calles donde a pesar de la gente hay holgura para el movimiento, donde no hay avalanchas cuando el paso para para hacer la mejor foto de la historia con un teléfono móvil, donde lo importante es Él o Ella y no sus costaleros, su banda o una revirá eterna. 

    Se acabó otra Semana Santa mas que tengo la suerte de disfrutar. Una Semana Santa llena de fotografías, cargada de horas robadas al sueño y la familia. Una Semana Santa en la que ha merecido la pena todo lo vivido. 

    Es momento ahora, de sentarse a recordar.













sábado, 12 de marzo de 2016

HACE 4 AÑOS . VIA CRUCIS DE LA HDAD. DEL BUEN FÍN


    Hace unas semanas, durante mi Taller de Iniciación a la Fotografía, un alumno me preguntó, que entre todas las fotos en mi haber, si había una foto entre las fotos, ¿cuál era "esa" foto?. 

    No había terminado de formular la pregunta cuando ya sabía la respuesta. No me hizo falta hacer memoria, ni escudriñar mentalmente todas aquellas fotos especiales hechas en los últimos años. 

    Saqué mi móvil y se la enseñé. Era ésta. 


    La titulé en su día "La Fe de Sevilla". Y hace cuatro años de este momento. Fe, cariño, amor, dulzura, intimidad, recogimiento...adjetivos que pueden resumir este momento. Ese gesto con el que la monja abraza la mano del Señor del Buen Fín es efímero, duró el tiempo del beso. Una foto única, que encierra tanto, que muy difícilmente volvería a repetir. Aunque me acerque a ese gesto, seguiría siendo única. 

    Y por eso cuatro años después de esa foto, quise volver al mismo Via Crucis, al mismo lugar, a intentar captar ese mismo momento, a sabiendas de que no se repetiría. 


    Los adjetivos para calificar el cariño con el que cada monja se acercaba y miraba al Señor seguían siendo los mismos. Pero ese instante, ese abrazo de amor, no se repitió.